Entre los guitarristas de cualquier parte del mundo, es raro el caso en que uno no haya llegado a la eléctrica sin haber pasado antes por una guitarra acústica o, en lugares de tradición hispánica, directamente por una clásica o flamenca. Es una especie de proceso natural que no se sabe muy bien de dónde viene: nuestra primera guitarra, heredada, recibida como regalo de Navidad o encontrada en algún rincón de la casa, tiende a ser acústica. Seguramente por la inmediatez del instrumento y la logística sencilla: nada de amplis, cables, etc.
 
La acústica, su sonido, su tacto y su personalidad es algo que, por mucho que uno acabe siendo guitarrista eléctrico el 99% del tiempo, nunca termina de dejarnos. Ni qué decir tiene cuando uno dedica su carrera o afición completamente a las guitarras de caja. El problema puede venir cuando llega ese 1% y no tenemos una a mano. Ya sea por cuestiones de azar, porque ese día en tu estudio no tienes una guitarra acústica a mano, o por logística, porque llevar una al concierto de este fin de semana supone demasiado trasiego para dos pequeños momentos del repertorio, a veces tenemos que solucionar la papeleta únicamente con nuestra eléctrica.
 
¿Cómo, te preguntarás, se supone que puedo hacerlo? Una guitarra eléctrica no suena ni remotamente cercana, por lo general, al carácter y timbre de una acústica. Las respuestas, porque las hay y son varias, tienen que ver con escuchar tu guitarra de nuevo, recurrir a la tecnología o ser un poco creativos en el estudio…
 
Pastillas piezo
No es un secreto ni una innovación de este siglo precisamente: las pastillas piezo llevan mucho tiempo entre nosotros. Precisamente para esto de lo que estamos hablando: emular con una guitarra eléctrica el sonido de una acústica. El secreto, que tampoco es tal hoy en día, es que este tipo de pastillas, montadas habitualmente en el puente, bajo las silletas de este, captura el sonido de las cuerdas directamente sin la influencia de las pastillas.
 
Lógicamente, no pueden convertir en señal eléctrica la resonancia de una caja, que es lo que otorga su carácter y calidez a una acústica. Pero el sonido que entregan suele estar más cercano al de estas y, si empleamos un poco de procesamiento posterior (algo de reverb cortita, compresión con tiempos de ataque largos para ganar sustain pero no destacar el ataque de las cuerdas) se puede lograr un timbre lo suficientemente convincente como para que funcione en una mezcla.
 
Sonido limpio
Si buscas un sonido realmente limpio, con un equilibrio medido entre el peso de los diferentes rangos de frecuencia y escuchas tu guitarra con oídos menos obsesivos de los que solemos gastarnos los guitarristas, es posible que descubras que el timbre se acerca bastante al de una acústica en el contexto adecuado. Piensa en temas como Nothing Else Matters de Metallica y en cuanta gente (de nuevo, no hablamos de guitarristas ni técnicos de sonido) cree al oírlo que se trata de una guitarra acústica cuando no lo es.
 
Volviendo a lo de la obsesión, los guitarristas muchas veces nos desquiciamos por intentar sonar de una forma determinada o fiel a una grabación, especialmente en directo, cuando el mismo efecto – o casi – que provocaría una acústica podemos lograrlo con un cuidado sonido eléctrico limpio…
 
Simuladores acústicos
¿La tecnología al rescate? Bueno, a veces. Es cierto que hay en el mercado unos cuantos simuladores acústicos en formato pedal. O que con diferentes procesadores multi-efectos pueden falsearse de forma bastante convincente sonidos acústicos a partir de señales de eléctrica. Pero la clave del asunto está precisamente ahí: en el “pueden”, el “falsear” y el “bastante” que acompaña a “convincente”.
 
Requiere cierta habilidad construir un preset en un multi-efectos o un pedal que sea capaz de generar un tono lo bastante cercano a una acústica como para que el guitarrista medio esté contento con él. Pero, de nuevo, cuánta gente es capaz de distinguir lo real de lo simulado entre el público general es algo a tener en cuenta cuando toca poner en la balanza el mover equipo extra. Para una grabación en estudio nuestra respuesta ante la disyuntiva de si usar una simulación o no sería rápida: si se puede esperar, espera a tener una acústica. Para un directo en el que la acústica debe aparecer un breve momento, o en algún tema esporádico, un preset bien construido o un pedal fiable son más que suficientes para solventar la situación. Eso sí, si vas a tocar un concierto entero con guitarra acústica, o casi… bueno, en fin, llévate una acústica.
 
Usa un micro
De cara exclusivamente a entornos de estudio y a momentos de emergencia, plantar un micro delante de las cuerdas de una guitarra eléctrica, cuidando de no capturar también sonido del ampli (si lo hay), puede generar una pista lo suficientemente cercan al sonido de una acústica como para suplir ciertas necesidades. O, mejor dicho, puede generar un sonido lo suficientemente cerca de cierta porción del carácter de una acústica. Por sí solo puede que resulte inútil, pero en una mezcla y acompañando a una grabación eléctrica puede aportar ciertos matices acústicos que o te solucionan una emergencia o, por qué no, tal vez sea expresamente lo que estás buscando o tu tema necesita.
 
Y tú, ¿qué otros trucos tienes cuando necesitas sonar acústico sin tener una guitarra acústica a mano?