¿Recuerdas el metálico y oscilante inicio de Love, el tema de Smashing Pumpkins incluido en su obra magna, el doble LP Mellon Collie and the Infinite Sadness?  ¿O la intro de Breakout, la canción de 1999 de Foo Fighters? ¿O el sonido particular de, especialmente, los estribillos del Lucy in the Sky with Diamonds de The Beatles? Todos estos temas tienen algo en común, por apartados en el tiempo que puedan estar. Y el ese común denominador tiene un nombre concreto: flanger.
 
Ya sea empleado de forma sutil para impregnar algo de movimiento o de espacialidad, o abusado inmisericordemente para hacerlo sonar como si de un avión a reacción cruzando el espectro estéreo de una canción se tratara, el flanger, o flanging, como se conoció en sus orígenes, es uno de los efectos más populares de los denominados “de modulación”. Es fácil detectar, en esos vistazos que uno echa al suelo del escenario momentos antes de que arranque un concierto, alguna unidad de flanger en las pedaleras de artistas y guitarristas de todo tipo y pelaje. Y en estudio es uno de esos trucos recurrentes para salpimentar producciones de los más diversos géneros.
 
Tradicionalmente se atribuye el descubrimiento y comienzo del uso del flanger a los Beatles, y más específicamente a su productor, George Martin, y John Lennon, gran aficionado a este efecto. Sin embargo, lo cierto es que Les Paul ya dio con él un par de décadas antes.
 
El efecto de flanger se produce al introducir una pequeño retraso, de pocos milisegundos, entre dos copias de una misma señal. De esta forma, las dos versiones de esa señal pasan a estar desfasadas entre sí, lo que genera, al volverlas a sumar, un filtro de peine que respeta los armónicos y provoca ese carácter metálico del efecto. En el tema Mamie’s Boogie, de 1946, nada menos, Les Paul empleó esta técnica empleando dos grabadoras de cinta, dentro de la gran experimentación que el guitarrista realizó con el multi-tracking.
 
Lo que sí parece que puede atribuirse a Martin y Lennon, cuenta la leyenda, es el apelativo de flanging: Lennon, aficionado como decimos al efecto, solía interesarse por su funcionamiento. En una conversación entre ambos, que nunca sabremos cómo fue realmente, al parecer el productor explicó algo sobre los “flanger”, las pestañas de la grabadora de cinta. Ya que el efecto, el retardo, se lograba precisamente presionando con el dedo una de ellas. Por lo visto, desde entonces, Lennon, siempre que quería que se aplicara este procesado sobre una pista, pedía “flanging”.
 
El nombre se quedó, el efecto empezó a popularizarse en muchos tipos de grabaciones y producciones diferentes (The Small Faces, Hendrix, Bowie, Thin Lizzy, The Animals, The Police, Van Halen, Iron Maiden, Dire Straits, The Cult, Rage Against the Machine… la lista de grupos que lo han empleado es interminable) y en los años 70 aparecieron los primeros pedales de flanger, que sería el nombre con el que finalmente pasaría al panteón de los efectos de guitarra. El MXR Flanger y el Electro Harmonix Electric Mistress (en referencia a ya sabes quién…) fueron los dos primeros modelos en llegar al mercado ofreciendo flanging portable, gracias al empleo de los famosos circuitos BBD (bucket-brigade device). Pronto, casi cada marca de pedales tenía en su catálogo su propio flanger, con diferentes controles para modular el popular efecto de modulación.
 
La redundancia no es fortuita: el efecto de flanger ocurrido en una grabadora de cinta presentaba –presenta - una oscilación natural (debida a la presión del dedo y los propios componentes) que en el mundo de los pedales debía replicarse. Para ello se diseñaron incorporando un oscilador, de manera que los diferentes controles que encontramos en el típico pedal de flanger se refieren precisamente a este y manipulan la oscilación: la amplitud de la frecuencia del LFO, la velocidad de oscilación, etc., de forma que el retardo entre la señal sin procesar y su copia vaya (aquí viene) modulándose.
 
El resto es historia, básicamente. Artistas de todo tipo han usado un poco, o un mucho, de flanger en diferentes situaciones, escenarios y estudios. Y aunque seguramente no es uno de los efectos de modulación más populares, por la facilidad con que puede acabar en el terreno del abuso, y ese carácter metálico que le define, es sin duda uno de esos clásicos a tener en cuenta y usar sabiamente.