¿Cómo? ¿Que las salas no te eligen a ti? ¿Qué tu manager, también conocido como “colega que os echa un cable con los conciertos a cambio de unas cervezas” no está recibiendo sin parar llamadas de salas y promotores para que vuestra banda se patee el asfalto y las tablas de tu ciudad como los más grandes? Ya sabemos todos que la respuesta es, normalmente, no. Cómo elegir una sala para tu próximo concierto es, pues, una cuestión bastante importante. Porque habitualmente somos las bandas las que tenemos que movernos para conseguir conciertos y negociar directamente con los locales de directo. Al menos hasta ese punto, al que, las cosas como son, la mayoría no logra llegar, en que los promotores comienzan a buscarle a uno para  subirse a un escenario.
 
Es, además, una cuestión para la que no siempre valen algunas de esas respuestas que, apostamos, se os pasan a más de uno por la cabeza: “en la que más nos paguen”, “la que tenga mejor sonido” o “en la que nos dejen tocar” no son nunca el único factor a tener en cuenta o el más relevante.
 
Cuestiones de audiencia
Dónde vas a tocar quiere decir, en buena medida, para quién vas a hacerlo. Seguramente, el público sea el primer elemento a contemplar cuando una banda se pone manos a la obra en busca de lugares donde ofrecer sus conciertos. Este, a su vez, se divide en varios factores de la ecuación humana que podemos formular como preguntas con respuesta:
 
 ¿Cuánto aforo tiene la sala? ¿Seremos capaces de llenarla o parecerá que estamos tocando solo para nuestros amigos? Nunca subestimes el poder sugestivo de ver una sala llena. Aunque, en realidad, la llenen solo tus amigos. La energía que se genera, tanto sobre las tablas como a pie de público, es muy diferente a la que irradia ese temible espacio en blanco entre el escenario y la audiencia que suele crearse cuando en un local hay espacio de sobra. Si estás empezando, no apuntes a una sala que te venga grande.
 
¿Tiene público regular o dependemos solo de nosotros? Muy relacionado con el punto anterior, siempre es interesante tocar en locales que tienen una parroquia. Es decir, que cuentan con público asiduo que suele frecuentarlo más o menos independientemente de quién toque. Normalmente ocurre esto por una afinidad con los estilos de música que predominan en un local de terminado, así que pregúntate también…
 
¿Qué tipo de público frecuenta este local? Dos tantos de lo mismo: si lo tuyo es el metal, tal vez no sea la mejor idea el montar un concierto en un garito conocido por sus tendencias punk-rockeras. Y así con tantos lugares y géneros que, muchas veces, van de la mano por inercias de la noche…
 
Aquí o allá. Es decir, dónde.
La ubicación de la sala también es relevante. No es lo mismo tocar en un barrio de extrarradio con pocas conexiones de transporte público, que hacerlo en el centro de la ciudad y en plena zona de moda nocturna. Lo primero puede estar bien para shows más privados, donde uno tiene audiencia asegurada. Y puede resultar práctico por cuestiones como facilidad de aparcamiento, de carga y descarga, etc. Ahora bien, si necesitas mucho público orgánico, por apropiarnos de terminología de marketing digital, es decir, que pueda acabar en tu concierto por encontrarse en la zona, o del tipo que no se mueve a no ser que se lo pongan fácil (de casa al metro, del metro al bolo y del bolo de copas, todo al ladito…), busca una sala mucho más céntrica. Piensa, en cualquier caso, en gastos que seguramente tendrá que asumir la banda: como, por ejemplo, el parking en el que os tocará dejar el coche o la fuego casi con toda seguridad.
 
¿Qué me tengo que llevar?
Todo, es lo normal. No es habitual que una banda en circuitos no profesionales vaya a un concierto a mesa puesta. Esto es, sin llevar un solo cacharro. Pero lo cierto es que muchas salas tienen backline disponible para los grupos que tocan allí. No es raro ver una batería o un ampli de bajo. Y tampoco es del todo raro que puedan usarse sin necesidad de alquiler: depende del buenrollismo del establecimiento y de la confianza que pueda haber entre éste y la formación. No es algo que debiera ser determinante, pero según las circunstancias de cada uno y cada momento, saber que la logística será sencilla puede hacer las decisiones más fáciles.
 
Condiciones sine qua non
Y llegamos al tema más espinoso, a veces definitivo y otras impepinable: las condiciones de la sala. Cada establecimiento funciona a su manera, aunque hay varias fórmulas de relación entre estos y las bandas bastante habituales. Por ejemplo, la tarifa de alquiler: la sala cobra equis cientos de euros por alquilar la sala, a pagar por las bandas que toquen cada noche. Ese equis suele salir directamente de la entrada, que en casos así normalmente es – o debería ser – íntegra para los intérpretes.
 
Otras fórmulas pasan por compartir el precio de entrada a porcentajes. O que lo que la banda cobre sea una proporción de la caja que se haga en barra, lo que a veces es realmente interesante si sabes que tu público es de los que no para de pedir cervezas y copas durante el show. Y también hay salas que exigen al grupo o grupos un mínimo de entradas vendidas por anticipado, como una forma de asegurar público y cubrir una especie de alquiler velado. Por otro lado está el clásico caché, esa rara avis que una banda cobra como fijo por tocar en público, y que suele entrar en escena cuando es a la banda a la que se llama para ofrecer un directo, y no cuando ésta busca por su cuenta sala para hacerlo.
 
El sonido
¡Ah, la eterna cuestión! Cómo suena una sala… Algo que depende tanto de las propias instalaciones como del técnico de la casa (y de la banda de cada noche, vaya…). Esto a veces es algo muy personal, y uno tendrá más afinidad, por ejemplo, por un local por lo bien que se oye sobre el escenario. Algo que siempre hace que uno toque mejor, aunque de cara al público, en el FOH (front of house) que se dice la cosa no sea tan buena. Total, en garitos pequeños lo habitual es que al cantante no se le entienda ni aunque vocalice como si estuviera en una sesión de logopedia. Así que, si al menos puedes escucharse bien en monitores y disfrutar del concierto… Otros, en cambio, darán preferencia a ese garito en el que han visto decenas de directos que sonaban realmente bien, por las garantías que ofrece de cara al disfrute del público. Sea como fuere, conviene que asistas a algunos conciertos antes de decantarte por una sala en cuestión.
 
Promoción
Finalmente, no está demás conocer y valorar qué tipo de promoción realiza la sala de sus conciertos. ¿Es activa en redes sociales? ¿Reparte carteles por los bares y pubs de la zona con la programación? ¿Se anuncia en radio? Todas estas cuestiones pueden acabar resultando la guinda del pastel. Un pastel regado con sudor, cerveza y acordes, eso sí.